Los Stones son parte del paisaje

Durante la larga introducción del DVD Sweet Summer Sun-Hyde Park Live -un verdadero primer acto que va desde Glastonbury, el famoso festival en el que tocaron por primera vez el año pasado, hasta el Hyde Park londinense, al que regresaron poco después, tras 44 años, con las voces en off de los cuatro Stones recordando uno y otro, recapitulando sus años en la ruta- uno se pregunta si ha sido una buena decisión poner play, si es necesario ver otro show de los Rolling Stones, si no será ésta la vez, con tanto hablar de sus 50 años de carrera, en que comience el desengaño. Pero cuando, tras esos cinco minutos de intro, suenan los primeros acordes de “Start Me Up” y la banda sale a escena se comprueba que todo sigue igual. O casi.

Allí está Mick Jagger moviéndose de aquí para allá, mago del tiempo y domador de público y tempestades, enfocadísimo en el puro presente del show. El gran artista del siglo, el ilusionista mayor, el performer a prueba de todo. Keith Richards, en cambio parece un poco ausente en un principio, o como si su rango de atención (¿serán las secuelas de aquel golpe en la cabeza?) solo le alcanzara para concentrarse estrictamente en lo suyo. O quizá sea porque, como le escuchamos decir al principio: “Cuando salís a escena y tocás esas primeras notas y mirás a ese mar de gente, nada está garantizado”, porque sobre la mitad del show todo volverá a su lugar.

Ahora que el rock se ha convertido en un asunto de tiempo, en que los aniversarios tienen más peso que la novedad, la legendaria banda todavía tiene asuntos pendientes. Como éste de volver a aquel mismo parque en el que, en 1969 y frente a una multitud, despidieron a Brian Jones, su amigo muerto dos días antes, e hizo su debut (ante un cuarto o medio millón de personas, según la fuente consultada) Mick Taylor, el guitarrista que será invitado de honor en esta ocasión. El recuerdo de entonces también estará en el vestuario de Jagger (la camisola blanca que, bromea, buscó en su armario y que sí, aun le queda bien, y un saco con mariposas, alusión a aquellas que hicieron volar por los aires mientras leía un poema de Shelley para despedir al amigo) y, en otro entreacto, en las imágenes de entonces y en los recuerdos en off de ahora.

Y en las canciones, como siempre. Porque la lista de temas vuelve sobre los clásicos que todos quieren oír y desempolva alguna que otra perla del viejo arcón. Y finalmente tomamos conciencia de que los Stones han estado haciendo su rock blusero desde hace tanto tiempo (digámoslo también así: todo aquel que tiene hoy menos de 50 años nació en un mundo en el que los Stones ya estaban tocando) que se han convertido en parte del paisaje. Como los árboles que han elegido poner como escenografía en el gigantesco escenario del parque londinense.